confesiones de una princesita

Nunca he sido de las princesas que gritan mientras el malo le pega al bueno. De hecho eso me pone nerviosa; a menudo, cuando las veo, les grito desde lejos “coño, pero que haces? deja de gritar y ayudale, inutil! no ves que se lo está cargando?”

Yo no he tirado nunca mi interminable trenza por la ventana. Mas bien solia bajar de la torre, saltar a la cabeza del dragón y degollarle mientras el bueno me miraba con cara de bobalicón. Tremenda decepción. De esa manera, no es extraño que ellos estuvieran siempre tan interesados en que me quedara quietecita animandoles con mis pompones rosas desde la almena mas alta. De otro modo conseguia realmente hacerles sentir estupidos… y la verdad es que lo eran.

Durante mucho tiempo pense que les necesitaba para cruzar el puente levadizo que guardaba mi torre de los peligros del Gran Pantano. Me averguenzo cuando recuerdo tantos aguerridos guerreros a los que gentilmente les otorgué la dicha de mi sonrisa solo por ese motivo. Al final, como en toda historia que se precie, justo cuando descubrí de buena tinta que yo sola me bastaba contra todo obstaculo, apareció el galán que me volvio a hacer desear no empuñar nunca mas mi hacha.

Entonces recuerdo que comimos perdices durante mucho tiempo. Tantas que nos empachamos. Tantas que descubrimos que el cuerpo no solo vive de perdices. (y yo que iba a saber!!, eso era lo que decian los juglares de mi infancia). Y fue dificil afrontar tal infortunio, pues, aunque valiente y luchadora, de alimentarme sabía mas bien poco…ya que de eso siempre se había encargado la vieja ama.

Nuestras pesquisas nutricionales nos llevaron al caballero azul y a mi a ciertos malentendidos. Comenzaron revestidos por preocupación, orgullo, inseguridad y posteriormente acabaron enfrentando espada contra espada. La pasión es lo que tiene. Aun por aquel entonces a ambos nos faltaba sabiduria y nos sobraba “amor”. El se fue con su escudo roto y mi larga trenza de recuerdo. Yo me fui con otro tanto y maldiciendole en latin. Con poca clase, como siempre, saltandóme el protocolo.

Enfurruñada y mal hablada, sonrojada por el sol y con el estomago vacio de no comer nada desde aquellas malditas perdices, ávida de paz y de todo lo que el caballero azul se habia llevado consigo, fui caminando a tientas por las planicies del Gran Pantano.

Tardé un tiempo en cruzarlo. Volver a la torre del rey, a aquella almena tan alta, tan rosa, no me pareció nunca buena idea. Y decidí seguir adelante. Muchos galanes volvieron a cruzarse en mi camino en aquel tiempo. Algunos de ellos huyeron con el rabo entre las piernas, algunos con dos buenas estocadas en el trasero, otros, los mas listos, simplemente se sabian incapaces de contentar a una autentica princesa como soy yo. Por que lo cierto es que aunque zarrapastrosa y desguisada, de los pies a la cabeza, siempre he creido ser una gran dama, difícil de contentar.

Una gran dama que en su estupidez se quiso dejar engañar por las bulas de uno que se las daba de erudito.

¡Ah, que mejor remedio contra la tempestad, el brio y la gastroenteritis que me provocaba el recuerdo del caballero azul y sus perdices, que dejarse tratar por las maestras manos bien curtidas de un estudioso de la vida, uno que ya habia andado los pasos necesarios para saberlo todo de nutrición, de guerra, de paz, de hacer la corte, de deshacerla, de decoración de castillos y de almenas…

Los ojos se me hicieron chiribitas ¡ya no tendria que sudar nunca mas la gota gorda! El Gran Sabio sabia todo lo que yo necesitaba para vivir y ser feliz como una autentica princesa.. La comoda vena aristocrática empezó a palpitar excitada en mi cuello y cai desmallada de la emocion.

Y, como no es de extrañar, con tamaña sabiduria, ese gran hombre no iba a dejar escapar una pura “sangreazul” de entre sus manos… O eso pensaba el. Pero el timo duro poco tiempo. El justo para derrochar las ultimas monedas de plata en un brioso corcel, una cuca cabaña a las orillas del lago, cuatros lecciones de amor cortés y terminar mirandonos el uno al otro, con los ojos llenos de espectativas y los bolsillos mas vacios que la barriga de un mendigo.

Lastimosamente esta princesita soñada hacia tiempo que habia dejado sus enseres de belleza en la torre, sus clases de canto y sus largos vestidos. Entonces yo era algo ya, muy distinto de lo que una buena princesa debe ser. Malhumorada por aquellas horribles perdices que aun me repetian, y cargada de espectativas y ansiedades, me parecía mas a una bruja que a una princesa.

Además mi objeto mas preciado, mi espejito magico engarzado, hacia mucho que lo habia empeñado al mejor postor, y ya no recordaba cual era mi verdadera imagen, ya no sabía quien era yo realmente.. Y es que una dama no es nadie sin su espejito.

(Cuando pienso que lo empeñé para comprar perdices me entran arcadas…)

Sin embargo, no hubo otro momento en mi lirica historia en el que me hubiese esforzado mas en ser la princesa de los rizos de oro que siempre quise ser. Forcé todas las cuerdas de mi chelo para que sonasen al son de la verdadera belleza que una princesa debe transmitir. Escondí mi hacha y saque mi pañuelo de terciopelo. Recité los versos correctos y bailé los adecuados pasos.. aunque como siempre, tarde. Pues resulto ser que el autoproclamado Sabio, de erudito no tenia nada. Era mas bien un trilero que se engañaba a si mismo en una macabra pantomima. Un cobarde, rufian y desgraciado que no sabia manejar ni la pluma ni la espada. Y que cegado por sus instintos reprimidos, acabó estallando en direcciones que no figuran en la brújula.

Al final, como en toda historia que se precie, la separación de bienes no hizo ningún bien, ni separó nada. El bufón autoengañado decidió recorrer las vias del ascetismo ermitaño y se subio al monte de las espinas a sufrir.

Yo, lejos de ser ya una princesa, tomé en ese momento la literaria decisión de cerrar mi boca sin previo aviso. Entonces las palabras cesaron, cesaron las intenciones y poco a poco cesaron los deseos de mas bailes de máscaras. Lentamente fui descubriendo que nunca habia sido una princesa y que serlo tampoco era mi objetivo. Y sentí la terrible necesidad de arrugarme como una pasa y desaparecer en la tierra de donde habia salido.

La ausencia de espectativas y objetivos, me sentó como un balsamo letal. Me sumergí en la calma como solo una autentica pasa descorazonada puede hacerlo. Y me olvidé de todo…

Y justo entonces, cuenta la leyenda que la bruja de los siete velos escupió la escarcha helada que paralizó el tiempo y los segundos se congelaron alrededor de esta pequeña pasa. Y sobre ella cayó el hechizo de volver a crecer y convertirse en una gran vid violeta, quizás con el tiempo. Cuando esta era de hielo y de muerte en vida desaparezca. Cuando el color vuelva a este mundo de codigos de barras. Cuando las hadas vuelvan a batir las alas, los cumpleaños se celebren con grandes tartas y deseos impronunciables, las navidades con adornos horteras y villancicos malcantados y el polvo de estrellas no se limpie con un plumero-atrapa-todo, a ritmo de grito, de hastío o de necesidad.

Asi que..

Tendremos que esperar sentados.

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2 thoughts on “confesiones de una princesita

  1. Blinded by the fire and the sorrow of the day,
    I come knocking at your door
    to dry the tears away.
    The eventide is calling me to take a look into your eyes.
    Pull me on and make me mesmerized
    Riding on the wings of light,
    dreaming dreams and holding tight;
    leaving all my sorrow far behind.
    Your eyes are the gate

    to the land of the miracle where our love can make us fly, make us fly.
    In the land of the miracle we can find a reason why and how we can fly.

    Open up the book of madness,
    read the page of life!
    Who’s the one to tell you what to do
    and how to rise?
    And if the stars would fall one day
    I`d climb up to the sky
    to put them back for you to save your smile.

    …Take a look into the book of fantasy and poetry and you will see: What you can feel is everything you need to heal your crying mind, the soul behind and everything that you may find inside your head…

    …A million years have passed away to make us head for the decay and to unlearn just what we yearn for all day long: right to be strong and stick to our ideals, are they for real and do we just have lost the thread?…

    …I believe in miracles they happen every day.
    In your arms a dream comes true for me…

    Edguy – Land of the Miracle

    (Isn’t poetry one of the biggest gifts to forget our daily life of sorrow?…)

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